En pleno otoño y cuando la temperatura comienza a bajar a quién no se le antojan las grandes y redondas calabazas anaranjadas hechas sopa que invaden el entorno a finales de octubre junto con brujas y vampiros. Pues la verdad a mí nunca se me había ocurrido probarla. Para mí este ingrediente era sinónimo de postre, pues en mi país se prepara en dulce (o en tacha) y los vecinos del norte del río Bravo la consumen en pay, así que no fue sino hasta hace poco que me volví adepta a este apapacho para mi estómago y el de mis comensales.
Yo la preparé en mi aliado artilugio, pero claro está que se puede preparar en una cacerola y con la ayuda de una licuadora o batidora de inmersión.
Sopa de calabaza
Pensar en calabazas me remonta al día de las brujas, pero más allá de eso, hoy en día soy consciente de que es un fruto que tiene grandes aportes al sistema inmune. Ahora entiendo el porqué de su presencia a lo largo de la temporada otoñal.
- Tabla de picar
- Cuchillo de chef
- Olla grande
- Batidora de mano o licuadora
- Cuchara de cocina
- 2 cebolla medianas
- 1 diente ajo
- 50 g aceite
- 800 g calabaza (pelada y cortada en cubos)
- 100 g azúcar (opcional)
- 750 g agua
- Sal, pimienta y nuez moscada (al gusto)
- Crema espesa (al gusto, opcional)
- Se pican las cebollas y el diente de ajo finamente.
- En una olla con aceite se acitrona la cebolla y el ajo. Posteriormente, se añade el agua y la calabaza y se pone a cocer hasta que suavice por completo. Sazonar con sal, pimienta y nuez moscada.
- Sacar del fuego, añadir el azúcar si así se desea, y moler con la batidora de inmersión o en la licuadora. La sopa quedó lista.
Para servirla, habrá quienes gusten de una textura más cremosa. Para ellos, añada un poco de crema que también servirá de decoración. Yo, la prefiero sin el lácteo, pero cada quién su gusto.
¡Buen provecho!
¡Buen provecho!